jueves, 4 de septiembre de 2008

Loco soñador.



Una estatua creía ser, a los ojos de aquel inocente espectador. A mi parecer no era más que un simple vagabundo del tiempo. La soledad había conseguido apoderarse de su alma, y la tristeza, a lo largo de los años, empezó a convertirse en su peor compañía. La mirada se centraba en la sombra de un pasado, en la imagen de un recuerdo. Del recuerdo que su mente escondía por miedo a lograr huir. La esperanza se alejó de la mano de la fe, y la ilusión abandonó el papel de la alianza. El aroma del imposible no era más que un tierno adiós, y el sabor de sus mejores deseos, la despedida a un mejor mundo.
Acerté al conocerlo. Me negué a aceptar una simple y falsa valoración causada por su imagen, y arriesgué al decidir entrar en su vida. En la mayoría de las ocasiones, tememos a un rechazo o a una especie de alejamiento por parte de quien hasta el momento, podemos nombrar como desconocido. Pero por extraño que parezca, no fue éste un ejemplo más de ello. Quizás fuese su sonrisa la causante de esta tierna sensación. Lo cierto es que reconozco haber tenido siempre una cierta debilidad por ellas.
Con el tiempo logré desvelar cada uno de los rincones y espacios que su mente protegía. Es asombroso descubrir todo aquello encerrado por el alma, y más aún, cuando lo encontrado, nada se parece a la silueta creada por una triste apariencia. Juzgar de antemano, es otro de los grandes errores que el ser humano acostumbra cometer.
La aparente locura no era más que una invención de su cabeza, y los espejismos y visiones que los ojos le mostraban, simples creaciones surgidas a raíz de un exceso de ilusión. No era más que un fiel soñador. Un alma que alimentaba sus vivencias a base de imaginaciones. Los retazos de su ser eran duros anhelos de una mejor vida. Y los falsos personajes que rodeaban su piel, las mejores armas contra un recibimiento a la soledad. No se trataba de un loco. Tan solo de alguien que refugiaba en su mente, cada uno los deseos que a lo largo del camino consiguió crear.
Como de todos aquellos que estuvieron junto a mí, también de él logré recaptar pequeñas recetas de su persona. En mi mente quedó encerrada la idea de una existente cordura, mostrada también, entre aquellos que menos parecen poseerla.
Lo perdí. Pero no creo a estas alturas que deba ser un motivo por el cual deba extrañarme. También él debió partir. No creo que muriese, pienso tan solo que, como bien decía, huyó para siempre al lugar que durante tantos años su imaginación formó. Quizás esto es algo más que una historia con irremediable fin. Quizás no es más que el reflejo de algo por lo que pocos se atreven a apostar. Yo sí me arriesgo: No creo que haya locos en la tierra, somos simples soñadores.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me sonaba, sin haber leido el titulo. y nose me vino ala cabeza, tu allí yo a tu lado, en el escenario, tu muerta de vergüenza yo que despues de haberme inventado la letra de hijo de la luna, peor no podía ser y tu pidiendome que la leiera. Y te dije no, es tuyo.

Maria del Carmen Castro dijo...

Me dejas fuertemente impresionada con tus escritos dada tu juventud. Seguamente pronto te veré en las librerías, espero que lleguen tus libros a Argentina que ahora es mi PAIS. SEGUIRÉ LEYENDOTE
ABRAZOS María del Carmen Castro
desmesuraentreletras.blogspot.com

Royaleconqueso dijo...

Increíble. Me ha encantado. Te pongo en mi lista de blogs =) te seguiré leyendo siempre que tenga tiempo y mucho ánimo con tus textos, que si con 16 años escribes así... no te quiero ver con un par de años más.

Y todo esto de las apariencias, de la soledad... no sé, me ha parecido una buena manera de expresarlo.

Un besazo (K)