
.Había muerto en vida. Ya no era nadie. Ya no tenía recuerdos de los que alimentarse, ya no tenía un pasado al que agarrase y del que vivir. No era nada porque no sabía lo que había sido. El maldito cazador de la nostalgia había arrasado con el rincón de su mente, en el que depositaba los retazos del ayer. Su mirada no decía nada, no habitaban en ella historias que llegar a explicar. Había perdido sus raíces. Se las había arrebatado con el paso de los tiempos. Se había llevado las sonrisas que un día en su rostro dibujó, los esquemas que la habían creado, las palabras que pronunció. Pero al menos no sufría. Al menos no tenía motivos por los que lamentarse de lo que perdió, de lo que dejó por el camino, de lo que el olvido con disfraz de enfermedad le había ido robando.

2 comentarios:
Qerida María excelente prosa y tema. agrego mi pensamento.Ddebemos cultivar nuestras vidas, embellecerlas para que el futuro nos encuentre recogiendo lo sembrado.
ABRAZOS: María del Carmen Castro
DESMESURA ENTRE LETRAS
Siempre he deseado no padecer ninguna enfermedad que me quite mis recuerdos. Creo que llegar a cierta edad y darte cuenta de todo lo que ha sido tu vida, de ser consciente de las vivencias y todo lo que has aprendido es precioso. Por eso admiro mucho a las personas mayores.
Me ha encantado como has expuesto el tema. Precioso ^^
Una vez más, felicidades por lo que escribes.
Besos desde Canarias
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